“AL PRINCIPIO NO FUE ASÍ…” (Mt 19, 8)

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A Jesús también le tocó lidiar con lo que sería el equivalente a la Suprema Corte de Justicia (¿?), que había decidido que el matrimonio debe ser, no como Dios lo estableció sino como le convenía al hombre, y, en concreto, al varón: divorciarse de la propia mujer por cualquier pretexto que, desde luego, decidía el mismo varón con el apoyo institucional. Nada nuevo bajo el sol: un arraigado relativismo y jesus-familia-2subjetivismo que se había colado en la legislación y jurisprudencia del pueblo de Israel y se había vestido de la elegante toga de la legalidad. Es más, hasta ponen de padrino a Moisés de esta forma de pensar.

 

Ante las diversas “interpretaciones de conveniencia” en las que querían involucrar al Señor, éste remite al proyecto de Dios establecido “desde el principio”: un matrimonio basado en la nupcialidad humana (diferencia sexual, capacidad y vocación al amor que exige el para siempre en la comunión de personas y la bendición de la fecundidad/fertilidad).

 

Pero como esta legislación ya llevaba mucho tiempo, entonces cuestionan acerca de la licitud de esta “injusticia legal” (cfr. Mal 2) y Jesús, ni tardo ni perezoso les explica cómo sucedió: “por la dureza de su corazón”. Ya desde el capítulo 2 del profeta Malaquías Dios le dice a su pueblo “yo odio el repudio”, llamado hoy divorcio incausado o divorcio express. Dicho coloquialmente, es corregirle la plana a Dios, enmendar su proyecto originario en el que va depositado como don su propia imagen y semejanza. ¡Qué dureza de corazón! Pero no la de aquel pueblo de entonces sino de pueblo de hoy que bajo pretextos como “ideología de género”, “tolerancia”, “no discriminación”, “derechos humanos”, “libertad de hacer lo que cada uno quiera”, etc., etc., queremos corregirle la plana a Dios estableciendo que la cultura suple la natura (una fuga de la realidad) y que, por encima de toda naturaleza, teología, filosofía, ciencia y sentido común, el César de hoy quiere también apropiarse lo que es de Dios.

 

En el ámbito civil se está librando la gran batalla a favor de la familia natural que nace de la unión esponsal-nupcial del varón y la mujer (ojalá nadie esté ajeno a participar en la propuesta de esta verdad de siempre). La ocasión fue que el César dijo que decir que este matrimonio entre varón y mujer y su misión de transmitir y defender la vida desde la procreación –asombrémonos de este nuevo “designio jesus-familia-3 divino”-, ¡es inconstitucional! Y ello por favorecer esa tautología humana que es la homosexualidad y su agenda basada en la aporía y sofisma de perspectiva ideológica de género (o lavado de cerebro como le llaman algunos). En este contexto se nos pide diálogo, apertura, respeto, no discursos de odio, etc. Y, en efecto, así hay que proceder. Pero no olvidemos también que hemos de exigir para nosotros, por las vías y formas adecuadas, ese mismo respeto.

 

Me preocupa que por “inducción” esta actitud “tolerantista” pudiera pasar al ámbito de la fe. En su Documento Amoris laetitia, el Papa, expresando la fe, disciplina moral, canónica y pastoral de la Iglesia, nos ha remitido, como Jesús, al Principio: Dios creó sólo varón y mujer. Los actos homosexuales son intrínsecamente malos dice el Catecismo, basado en la Sagrada Escritura (No. 2357), y en esto no hay duda: estos actos “no pueden recibir aprobación en ningún caso” y no se diga las secuelas de esto como los supuestos “cambios de género” o la adopción de niños por personas del mismo sexo. Aquí el criterio de acción se basa en la misericordia, es decir, acogida a las personas con atracción hacia el mismo sexo, desde la verdad y las obras de misericordia entre las cuales se encuentran “enseñar al que no sabe”, “corregir al que yerra” y atender al que vive en esta situación, que la ciencia ubica como una perturbación que pone a las personas en situaciones de riesgo real, como demuestran los hechos duros recogidos en estadísticas serias. Como Dios mismo, amamos al pecador pero rechazamos el pecado.

 

La situación es real y es de fondo: compromete la antropología bíblica y el concepto bíblico de alianza, que es el sustento de la diferencia varón-mujer. Ante este desafío de dimensiones inéditas, sugiero una estrategia urgente de acción pastoral: pensando en una seria de jesus-familia-4 círculos concéntricos: poner a Cristo en el centro como eje, en un segundo nivel buscar organizar nuestra oración y espiritualidad para conocer, profundizar, vivir y testimoniar la voluntad de Dios expresada en su creación; en el tercer nivel organizar nuestro pensamiento, es decir, investigar, formar y formarnos, buscar la información correcta, científica y abierta en la interacción necesaria entre fe y razón; en el cuarto nivel organizar nuestra acción para comunicar y educar en la verdad del humanum integrum, varón y mujer, en el verdadero significado de la sexualidad humana y en la belleza del amor humano significado bíblicamente en el matrimonio entre el varón y la mujer; finalmente, en el siguiente círculo, organizar nuestras relaciones e interacciones con otras personas, grupos e instituciones para proponer esta verdad, no imponerla pero exigiendo también respeto a nuestra forma de pensar como Iglesia, formada por muchos millones de mexicanos. La misma ciencia real nos da herramientas para hacerlo.

 

Y como todo esto, con el aparato estatal se está –aquí sí- imponiendo a nuestros niños, adolescentes y jóvenes esta forma de pensar y vivir, sugiero a los padres que son los que tienen el deber y derecho de educar a sus hijos en sus principios no negociables y convicciones, consideren el hacer de su propio hogar un necesario “homeschooling” de la verdad bíblica, de la belleza de la nupcialidad y que, como Josué, cada padre de familia pueda decir: yo no sé ustedes, pero: “mi familia y yo, ¡serviremos al Señor!” (Jos 24, 15). Y si se unen y asocian, mucho mejor recordando que: El camino es el amor.

 

Familias de Misión Kerigmática: ¿quieren también servir al Señor y su proyecto desde el principio? La fe es un sí lleno de confianza en Dios y su proyecto. Ojalá se organicen y dejemos al hombre viejo y seamos ese hombre nuevo cuyo modelo es Jesús. ¿Qué dicen?

 

Elaborado por Daniel A. Medina Pech.

Septiembre 2016.

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