Dimensiones de la vida matrimonial.

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Vamos a describir, aunque sea brevemente, algunos rasgos de la vida matrimonial:

 

1. El matrimonio como liberación de la soledad.

 

«No es bueno que el hombre esté sólo. Voy a hacerle una ayuda semejante a él» (Gn 2, 18). El matrimonio ofrece a los esposos la posibilidad de liberarse de la soledad y de vivir en diálogo íntimo, personal con otro. La soledad es un 5mal. El matrimonio ofrece a los 6esposos uno de los mejores caminos para no recorrer la vida en solitario. Pero, además, el matrimonio cristiano ofrece a los esposos creyentes la posibilidad de abrir ese diálogo matrimonial al diálogo con Dios. Desde el diálogo mutuo, desde la mutua escucha, desde el encuentro amoroso recíproco, los esposos cristianos pueden avanzar hacia el diálogo con Dios, la escucha de Dios, el encuentro con El.

 

Naturalmente, todo esto exige a los esposos ir superando su egoísmo, irse abriendo cada vez con más hondura al otro cónyuge, compartir cada vez más los deseos, las aspiraciones, los temores, las alegrías, los gozos, las dificultades, los sufrimientos que entretejen la vida. Es así como va creciendo el matrimonio como sacramento que hace posible el encuentro con Dios.

 

2. El matrimonio como mutua complementación.

 

«Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2, 23). El matrimonio ofrece a los esposos la 7posibilidad de complementarse, enriquecerse y perfeccionarse el uno al otro. El esposo se enriquece con la presencia femenina en su vida; la esposa con la presencia de lo masculino. Pero, además, los esposos cristianos pueden buscar desde su matrimonio la complementación, el enriquecimiento que sólo nos puede llegar de Dios.

 

Los esposos cristianos saben, en sus momentos de debilidad, de pobreza, de limitación, buscar la gracia y la fortaleza de Dios. Saben, en sus momentos de gozo y de plenitud, abrirse a la alabanza y a la acción de gracias al Creador. Pero, naturalmente, esta mutua complementación exige todo un aprendizaje, un reajuste constante, una actitud de mutuo respeto, de agradecimiento mutuo. El matrimonio va creciendo día a día en ese arte difícil de la convivencia.

 

3. El matrimonio como disfrute de la intimidad sexual.

 

«Serán los dos una sola carne» (Gn 2, 24). El matrimonio ofrece a los esposos la posibilidad de compartir y disfrutar la intimidad sexual, de descubrir todo el valor del cuerpo como medio de expresión y comunicación de amor. Los8 esposos viven su amor matrimonial expresándolo corporalmente en su intimidad conyugal.

 

Pero, además, los esposos cristianos celebran su unión sexual como una fiesta de amor, de intimidad, de placer, no sólo bendecida por Dios, sino donde se hace presente el amor gozoso de Dios para aquella pareja. El sacramento del Matrimonio, lejos de destruir el placer o la felicidad matrimonial, ofrece a los esposos la posibilidad de abrir su amor sexual a su dimensión última y trascendente haciendo de su unión amorosa signo y presencia del amor de Dios.

 

Todo esto exige naturalmente que la entrega sexual sea signo de una entrega amorosa, sincera y real. Que la unión de los cuerpos exprese la unión de los corazones.

 

4. El matrimonio como comunidad de amor creciente.

 

El matrimonio supone ya un amor inicial entre los nuevos esposos, pero exige que ese amor vaya creciendo y consolidándose día a día. El amor es algo llamado a crecer. Los problemas, las dificultades y adversidades de la vida, 9vividos conjuntamente por los esposos en actitud matrimonial son ocasión para profundizar y crecer en un amor cada vez más sólido y realista.

 

Lo que en un comienzo pudo ser, sobre todo, «enamoramiento», atracción física, goce erótico… puede irse afianzando como amor fuerte y gozoso. Pero, además, los esposos cristianos pueden crecer desde su matrimonio en el amor a Dios y en el amor a todos los hermanos. Cuando una persona se va llenando de amor, no crece sólo su relación amorosa hacia alguien, sino que crece su capacidad de amar. Naturalmente, esto exige cuidar día a día el amor.

 

 5. El matrimonio como comunidad de mutua comprensión y perdón.

 

El amor matrimonial muchas veces sólo puede crecer con el perdón. El amor pide siempre respuesta, pero el cónyuge se puede encontrar con que la persona amada no responde como él esperaba. El amor puede sentirse traicionado, decepcionado, no correspondido porque no encuentra una respuesta en la persona amada. Entonces el10 verdadero amor se convierte en perdón.

 

La vida matrimonial exige una actitud de perdón, de comprensión de la debilidad del otro, de paciencia, de disponibilidad para la reconciliación. Casarse con una persona es estar dispuesto a perdonarle siempre. Los esposos cristianos tienen que recordar, además, que su matrimonio es sacramento del amor de Dios y Dios perdona siempre. Dios es siempre fiel, aunque nosotros seamos infieles. Esa es la razón más profunda de la indisolubilidad del matrimonio cristiano. Si el matrimonio es sacramento de Dios, está llamado a ser fiel, perenne, para siempre, puesto que así es el amor de Dios.

 

6. El matrimonio como descubrimiento del amor al hermano.

 

La vida matrimonial debe ser para los esposos una escuela donde aprendan a amar a todos. Acogiéndose, ayudándose, perdonándose, los esposos aprenden a acoger, ayudar, perdonar. Su amor conyugal los capacita para 11vivir también el amor fuera del propio hogar. Compartiendo sus gozos y sufrimientos han de aprender a compartir más los gozos y sufrimientos de todos. Uno de los riesgos del matrimonio es reducirlo a un «egoísmo compartido». Sin embargo, si el amor matrimonial es verdadero amor no los encerrará en sí mismos, sino que los abrirá a los demás. Los esposos cristianos han de recordar además que se han comprometido a vivir su amor como signo y sacramento del amor de Dios, y el amor de Dios es universal, no olvida a nadie y se ofrece de manera especial a los más indefensos, pobres y olvidados. Todo esto exige no encerrarse en los problemas del propio hogar, comprometerse en la vida social, hacerse presentes junto a los necesitados, colaborar en la comunidad cristiana, estar atentos a los más olvidados.

 

7. El matrimonio como fuente de vida.

 

El matrimonio ofrece a los esposos la posibilidad de crear un hogar, una familia. El nacimiento del hijo no tiene por 12qué ser una carga penosa, un estorbo, una amenaza para el amor matrimonial. Al contrario, debería ser la culminación, el sello de ese amor.

 

Los esposos cristianos tienen que recordar que su matrimonio es sacramento del amor de Dios, y Dios es creador de vida. Los esposos están llamados a colaborar con el Creador en la difusión de la vida. Y ésta es una tarea que abarca diversos aspectos. Difundir la vida es: hacer nacer nuevos seres humanos sobre la tierra, educarlos, abrir horizonte a las nuevas generaciones que nos sucederán, colaborar en la promoción de la humanidad, hacer un mundo mis habitable, promover unos hogares más humanos donde habite el amor, el diálogo, la verdad, es decir, hacer crecer el Reino de Dios.

 

Material obtenido de:

Cfr encuentra.com el portal católico

“Originalidad del Matrimonio Católico”

José AntonioPagola

Aportó: Maricheli Gallástegui Cagide.

Noviembre 2016.

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