El matrimonio como sacramento.

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matrimonio-7Cristo no ha instituido matrimonio-8nada nuevo respecto al matrimonio. Lo que ha hecho es restaurar el matrimonio en su primera originalidad y llamar a los hombres y mujeres a que vivan el amor matrimonial respondiendo al primer designio del Creador, que el varón y la mujer sean «una sola carne» como quiso Dios desde siempre. Pero precisamente para vivir ese amor matrimonial natural en toda su autenticidad, Jesús llama a vivir el matrimonio como sacramento del amor de Dios que se nos ha revelado en Jesucristo. El sacramento no es algo añadido al matrimonio. Es sencillamente el matrimonio vivido desde la fe cristiana, vivido como «signo», como «sacramento» del amor de Dios que se nos ha manifestado en Cristo.

 

Por lo tanto, cuando una pareja «se casa por la Iglesia», se compromete a vivir su matrimonio desde la fe cristiana y a vivirlo en concreto como «sacramento» del amor de Dios. Pero, ¿qué quiere decir vivir el matrimonio como sacramento? Para entender bien esto tenemos que comprender qué es un sacramento. Si lo logramos, descubriremos un horizonte insospechado y una riqueza inmensa para vivir el matrimonio.

 

El hombre es sacramental.

 

Sacramento es una palabra que viene del latín «sacramentum» y significa «signo», «señal». Sacramento es, pues, algo que nos descubre, nos revela, nos manifiesta otra realidad que, de lo contrario, se nos quedaría oculta. Por ejemplo, el anillo de bodas que vemos en la mano de una persona es una señal, un signo, un «sacramento» de que esa persona está comprometida, casada con alguien.

 

matrimonio-9Por eso, podemos decir que el hombre es sacramental, tiene una estructura sacramental. En el ser humano hay todo un mundo íntimo, invisible, misterioso que se descubre, se desvela, se manifiesta a través del cuerpo. El hombre es miedo, amor, ternura, gozo, tristeza, proyectos, interrogantes, cansancio, debilidad, entusiasmo, pasión, solidaridad, lucha, esperanza… Es todo un mundo de vida, de interioridad que se revela y se encarna hacia fuera a través de la corporalidad. Nuestro cuerpo es el gran sacramento, el medio de expresión que nos permite manifestarnos y comunicarnos con los demás. Las miradas, los gestos, las palabras, la sonrisa, el beso, los abrazos, los golpes, las manos, el rostro… el cuerpo entero nos permite “sacramentalizar”, es decir, expresar y vivir todo lo que hay en nuestro interior. Gracias al cuerpo nos expresamos, nos realizamos, nos comunicamos, nos encontramos con los demás. Podemos decir que el hombre es sacramental, es algo interior, invisible, espiritual, que se expresa y se realiza en y a través de un cuerpo visible, sensible, palpable. El ser humano vive, crece, se realiza de manera sacramental.

 

La necesidad de sacramentalizar la vida.

 

Precisamente, debido a su estructura sacramental, el ser humano siente la necesidad de “sacramentalizar” la vida. Y cuanto más profundamente se vive a sí mismo y más profundamente vive su relación con las personas y con las cosas, más hondamente siente esta necesidad de «sacramentalizar» su vida.

 

matrimonio-10Los antropólogos dicen que el hombre se hace presente en el mundo a tres niveles:

 

1.- El ser humano se asoma al mundo como un extraño. Apenas conoce ni entiende nada. El hombre primitivo (o el niño actual) se admira ante las cosas y los fenómenos. Contempla todo con curiosidad, se asombra, teme, adora, venera. Es la primera actitud, la más primitiva y elemental, básica.

 

2.- El hombre va dominando las cosas y los fenómenos. Los analiza, los controla, los trabaja, los domestica, los transforma, los organiza. Es el “homo faber” que desarrolla la ciencia, la técnica, el dominio del cosmos.

 

3.- Cuando el hombre se acerca a las cosas y a los hechos para darles un valor simbólico. Las cosas ya no son entonces meros objetos para ser contemplados o para ser trabajados y dominados. Se convierten en signos, señales, llamadas. Entonces las cosas y los hechos son portadores de un mensaje, de una vivencia. Adquieren un valor sacramental.

 

Ejemplo: todas las cocinas pueden ser evocadoras, pero la cocina de la casa donde uno nació guarda algo único; se toman muchas copas, pero es distinta la copa para celebrar un encuentro; todos los días parecen iguales, pero es diferente el día del aniversario de bodas, el cumpleaños, la fiesta del pueblo, el día de una despedida, de un encuentro; todas las personas pueden despertar nuestro amor o amistad, pero hay personas únicas: la novia, el abuelo, la madre, el amigo. Es decir, el hombre no sólo es sacramental sino que va cargando de valor simbólico o sacramental el mundo en que vive. Va sacramentalizando su existencia y todas esas cosas, hechos, momentos, personas se convierten en pequeños o grandes «sacramentos» que evocan, alimentan y acrecientan su existencia.

 

Jesucristo, Sacramento de Dios.

 

Para un creyente, el mundo entero se puede convertir en «sacramento» de Dios. Dios es misterio invisible e insondable, pero está en la raíz misma del mundo y de la vida. Y, por ello mismo, se puede anunciar, sugerir y manifestar a través de hechos, experiencias, fenómenos que nos pueden hablar de El. La creación entera se puede convertir en «señal» de Dios. De manera particular, las personas con su fuerza creadora, su inteligencia, su capacidad de amar, su libertad, su misterio son el mejor signo, la mejor señal que nos puede hablar de Dios.

 

matrimonio-11Para el cristiano, hay un hombre único, verdadero Sacramento de Dios, en el que Dios se nos ha manifestado y revelado como en ningún otro: Jesucristo. En él «reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente» (Col 2, 9). En él «se ha hecho visible la bondad de Dios y su amor a los hombres» (Tt 3, 4). El que se encuentra con ese hombre se encuentra con Dios. Los hombres pueden encontrarse con el Dios invisible a través de la humanidad de Jesús que es su gran Sacramento.

 

Incluso después de la muerte y resurrección de Jesús, no se pierde la dimensión sacramental en el encuentro con Dios. Respetando la estructura sacramental del hombre profundamente ligado al cuerpo y al mundo de lo sensible, Dios continúa ahora ofreciéndose de manera sacramental a través de la Iglesia.

 

La Iglesia es ahora «el Cuerpo de Cristo», la comunidad que le da cuerpo a Jesucristo, la comunidad donde se ofrece Jesucristo a través de gestos visibles, sensibles, captables. En la Iglesia Cristo se hace presente de manera sacramental en medio de los hombres. Todo en la Iglesia tiene una dimensión sacramental: las personas que formamos esta comunidad, los evangelios que se proclaman entre nosotros, los gestos cristianos que realizamos, el amor a los necesitados, la oración de los creyentes, los ritos sagrados, los símbolos. Todo lo que hacemos y vivimos desde la fe puede sacramentalizar y hacer presente a Jesucristo nuestro Salvador.

 

matrimonio-catolicoTodo en la Iglesia es sacramental, pero hay acciones y gestos donde ese carácter sacramental adquiere una densidad particular. De la misma manera que todo puede ser signo de amor entre los esposos, pero el abrazo conyugal sacramentaliza de manera más eficaz e intensa su amor.

 

Hasta el siglo XII se empleaba la palabra «sacramento» para designar a muchos gestos y acciones eclesiales. San Agustín cuenta hasta 304 «sacramentos». A partir del siglo XII, se hace un esfuerzo de selección para delimitar los gestos sacramentales más nucleares. Por fin, el Concilio de Trento define los siete sacramentos no de manera arbitraria sino articulándolos en torno a los ejes fundamentales de la vida o los momentos claves de la vida cristiana.

 

Los sacramentos son, por lo tanto, la concreción y actualización de lo que es la Iglesia: sacramento de Cristo, el cual es, a su vez, Sacramento de Dios. Cuando celebramos o vivimos un sacramento, realizamos un gesto humano al que le damos sentido desde la fe; realizamos ese gesto no de manera privada a nuestro arbitrio, sino de manera eclesial, dentro de la Iglesia sacramento de Jesucristo; y así nos encontramos con Cristo que es el gran Sacramento que nos lleva al encuentro con Dios.

 

vinetaRealizar un gesto humano que encierra una fuerza expresiva importante: una comida (Eucaristía), un gesto de perdón (Penitencia), una entrega mutua de dos personas (Matrimonio).

 

vinetaEse gesto humano tiene sentido cuando es vivido desde la fe. Los sacramentos suponen fe. Sin la fe, el sacramento no dice nada, no habla nada. Los sacramentos realizados sin fe se convierten en ceremonias vacías, ritos sociales, gestos ridículos.

 

vinetaEse gesto vivido desde la fe no es algo individual o privado, ni siquiera de un grupo particular; es una toma de contacto, una inserción en la Iglesia, un gesto eclesial, pues sólo la gran comunidad eclesial es el sacramento de Jesucristo.

 

vinetaSon gestos de encuentro personal con Cristo que es el gran Sacramento que nos lleva a Dios. Cada sacramento según su modalidad nos pone en contacto con Jesucristo y por medio de él con Dios. Es Cristo el que perdona, Cristo el que alimenta, Cristo el que une en el amor.

 

Material obtenido de:

Cfr encuentra.com el portal católico

“Originalidad del Matrimonio Católico”

José AntonioPagola

Aportó: Maricheli Gallástegui Cagide.

Octubre 2016.

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