La originalidad del matrimonio.

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matrimonio-1En muy poco tiempo se matrimonio-5 ha producido entre nosotros un profundo cambio en la concepción que las personas tienen sobre el amor, la sexualidad, el matrimonio, la fidelidad conyugal o la familia. Al mismo tiempo, se ha introducido y revalorizado el matrimonio civil como alternativa al matrimonio eclesiástico, jóvenes que no aceptan la visión cristiana del matrimonio y sus consecuencias se casan por lo civil.

 

Otras parejas se casan por la Iglesia pero no por convicción profunda de fe, sino por razones ambiguas de orden sociológico o familiar. De ahí la importancia que adquiere en estos momentos el responder con cierta lucidez a estas preguntas: ¿Dónde está la originalidad del matrimonio cristiano? ¿Qué es «casarse por la Iglesia»?

 

Es bueno que las jóvenes parejas adopten su propia postura al orientar su futuro matrimonial, pero para ello esmatrimonio-2 necesario conocer en qué consiste la originalidad del matrimonio cristiano.

 

Si olvidamos el diálogo amoroso de la pareja y entendemos el matrimonio eclesiástico exclusivamente como una institución jurídica, estamos destruyendo la realidad más profunda del matrimonio cristiano, ya que el matrimonio sólo puede ser sacramento si el amor de Dios es expresado, encarnado y sacramentalizado en el amor mutuo de los cónyuges.

 

Desde una visión jurídica, el matrimonio se ve como un contrato realizado libremente por el consentimiento de los dos contrayentes. Un contrato del que se originan unos derechos y unas obligaciones.

matrimonio-3La teología actual y el Vaticano II abordan el matrimonio no como contrato sino como una vocación. Los esposos cristianos «cumpliendo su misión conyugal y familiar, animados por el espíritu de Cristo, llegan cada vez más a su pleno desarrollo personal, a su mutua santificación y, por lo tanto conjuntamente, a la glorificación de Dios» (Gaudium et spes, 48). El matrimonio no debe quedar reducido a un contrato. El mutuo compromiso de los nuevos esposos es, más bien, el punto de partida de un proyecto común, de una vida compartida conyugalmente en la que están llamados a alcanzar su pleno desarrollo personal: humano y cristiano. Entiende el matrimonio como una comunidad de amor. Es el amor conyugal el que vivifica y da sentido a toda la vida matrimonial. El amor conyugal es la verdadera fuente de responsabilidad matrimonial y familiar y de fidelidad mutua.

 

El amor conyugal por su propia dinámica pide fidelidad. El amor va más lejos que aquel instante en que está siendomatrimonio-4 vivido. El amor mira también al futuro. No se le puede poner un término sin destruirlo. No se puede amar de verdad a una persona poniendo un límite temporal, una fecha. Por eso, el amor conyugal exige la promesa de vivirlo para siempre, la promesa de ser fiel a la persona amada. Es muy importante reconocer el valor humano de la fidelidad, al margen de las creencias o de la fe de la pareja. El clima socio-cultural de nuestros tiempos favorece la inconstancia, la infidelidad, la superficialidad de los contactos sexuales y la trivialización de las relaciones interpersonales, pero todos hemos de reconocer que la fidelidad a la persona amada es un valor exigido por la misma naturaleza del amor verdadero.

 

El amor conyugal y la convivencia sexual piden ser aceptados y reconocidos socialmente. No podemos olvidar que el varón y la mujer que comparten una vida conyugal no son individuos aislados sino miembros de una sociedad matrimonio-6concreta. Una concepción romántica del amor como algo que ha de ser vivido exclusivamente en la intimidad o en el ámbito privado no es plenamente humana, porque olvida la dimensión social de la pareja. Un amor secreto, oculto a la sociedad, o no reconocido socialmente difícilmente conducirá a las personas que lo viven a su realización y expansión plenas. Por eso, una convivencia sexual estable está pidiendo un reconocimiento por parte de la sociedad, una integración en el marco social. Es muy importante valorar esta dimensión social del matrimonio independientemente de que sea un matrimonio civil o religioso. Si el vínculo amoroso queda reducido al ámbito de la conducta privada, todavía le falta algo para ser vivido de manera plenamente humana y social.

 

El encuentro sexual de una pareja estable está llamado a ser fuente de una nueva vida humana. El encuentro sexual es un encuentro amoroso, pero, por su misma estructura, es un encuentro íntimamente orientado a dar nacimiento a una vida nueva. El acto conyugal expresa y realiza la donación más íntima y absoluta que pueda darse entre unmatrimonio-12 hombre y una mujer, pero, por su misma dinámica, está abierto a un tercero posible: el hijo. En el acto conyugal, el varón no solamente se entrega a sí mismo a la mujer que ama, sino que también le entrega su capacidad de engendrar, su capacidad de ser padre: «Quiero que seas mi mujer y tener un hijo de ti». La mujer no solamente se entrega de manera total e incondicional al varón, sino que también entrega su capacidad de engendrar, ofrece su seno fecundo: «Quiero ser tuya y tener un hijo de ti». Es importante valorar la dimensión de la fecundidad, independientemente de las creencias y la moral de cada uno. El ser humano está llamado a ser fecundo. Los esposos están llamados a ser «una sola carne», pero no han de olvidar que normalmente esta carne puede convertirse en «cuna» de un hijo que viene a sellar y a encarnar de manera natural el amor matrimonial de los padres. Resumiendo, al acoger a las parejas que se preparan al matrimonio, es importante que antes de hablar del matrimonio cristiano, sepan valorar en toda su hondura y riqueza el matrimonio como realidad humana, en sus diversas dimensiones: como convivencia sexual, comunidad de amor, realidad social, comunidad abierta a la fecundidad.

 

Material obtenido de:

Cfr encuentra.com el portal católico

“Originalidad del Matrimonio Católico”

José AntonioPagola

Aportó: Maricheli Gallástegui Cagide.

Octubre 2016.

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