Sembrando valores parte I

Familia, Humana, Matrimonios, Religiosa, Sin categoría

HABLEMOS FAMILIARMENTE

 

I. INTRODUCCIÓN.

 

Estaba viendo un programa que se considera clásico en la televisión mexicana, un programa que está clasificado como “familiar”, donde muchos de nosotros reímos y seguimos riéndonos de las travesuras de sus personajes, el famoso “Chavo del 8”.

 

Ya después uno de mis hijos me preguntó, “papá, ¿Por qué el chavo no tiene nombre y sólo le llaman chavo? ¿Qué significa que le digan 8? ¿Cómo duerme en un barril? ¿Cómo se baña, come y hace pipí?

 

familia1A todas estas preguntas fui respondiendo con un poco de humor y risa, pero cada vez que respondía, con una misma tónica poco seria, diciendo “Porque es un programa de televisión para reír”, más me daba cuenta de una realidad: el programa del Chavo del 8 es un programa cruel, que desnuda situaciones reales de las familias mexicanas, y que las ridiculiza de tal modo que, para nosotros, es ya algo normal.

 

Veamos, el Chavo es un niño sin hogar ni nombre, presa de la compasión de los vecinos, la burla de los demás y de la desatención generalizada. Don Ramón es un papá soltero desobligado, sin trabajo y que se dedica a mentir y robar si puede. La Chilindrina una niña malcriada con graves problemas con la autoridad, sin una figura femenina que modere sus rasgos casi masculinos y su promiscuidad. Doña Florinda una mamá soltera, sobreprotectora, vulgar, que con los pesos que tiene ridiculiza a los pobres y que mantiene una relación más que sospechosa por años con un maestro que ni se casa ni formaliza con ella. Kiko un niño mimado y cruel con los pobres, sin figura paterna, envidioso y con poco sentido de la amistad. Jaimito el cartero un solterón, perezoso y sin ganas de vivir la vida. La bruja del 71 una mujer solterona, necesitada de afecto, etc, etc, etc.

 

En pocas palabras, este programa presenta solo familias disfuncionales, y las presenta como algo tan normal y a tal grado que nosotros mismos pensamos que esta irrisoria realidad, es normal y algo incluso para imitar.

 

Hermanos, las familias destruidas es la lamentable tendencia de hoy.

 

II. ANÁLISIS DE LA REALIDAD.

 

La familia, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Ante este concepto difundido, en muchos países occidentales, el concepto de la familia y su composición ha cambiado considerablemente en los últimos años, sobre todo, por los avances de los derechos humanos y de los homosexuales.

 

Según nosotros los católicos familia proviene del término derivado del latín famulus, sirviente, y familia, sirvientes de la casa, o casa. En el período romano clásico la familia raramente incluía a los padres o los hijos. Su derivado inglés se usó frecuentemente en tiempos familia_empresaria-2antiguos para describir a todas las personas del círculo doméstico, padres, hijos y sirvientes. El uso actual, sin embargo, excluye a sirvientes, y restringe la palabra familia al grupo social fundamental formado por la unión, más o menos permanente, de un hombre con una mujer, o de uno o más hombres con una o más mujeres, y sus hijos. Si la cabeza del grupo comprende sólo a un hombre y una mujer tenemos la familia monógama, como distinción de aquellas sociedades domésticas que viven en condiciones de poligamia, poliandria o promiscuidad.

 

Cristo no sólo restauró a la familia a su tipo original como algo santo, permanente, y monógamo, sino que elevó el contrato del que se origina a la dignidad de sacramento, y así puso a la propia familia en el plano de lo sobrenatural. La familia es santa ya que es cooperadora con Dios, procreando hijos, que son destinados a ser hijos adoptivos de Dios, e instruyéndolos para su reino. La unión entre el marido y la esposa es definitiva hasta la muerte (Mt 19, 6 ss.; Lc 16, 18; Mc 10, 11; I Cor 7, 10; ver MATRIMONIO, DIVORCIO). Que éste es el modo más alto de unión conyugal, y la mejor solución para el bienestar de la familia y de la sociedad, aparecerá ante cualquiera que compare desapasionadamente los efectos morales y materiales que surgen de ella con los de la práctica del divorcio.

 

Desde esta concepción, la familia corre muchísimos riesgos en su vida y desarrollo como sistema. Es un sistema desde que vemos que un conjunto de personas conviven bajo el mismo techo, organizadas en roles fijos (padre, madre, hermanos, etc.) con vínculos consanguíneos o no, con un modo de existencia económico y social comunes, con sentimientos afectivos que los unen y aglutinan. Naturalmente pasa por el nacimiento, luego crecimiento, multiplicación, decadencia y trascendencia. A este proceso se le denomina ciclo vital de vida familiar.

 

Entre los peligros actuales más significativos se tiene la exaltación del individuo por el estado a expensas de la familia, o sea, los derechos individuales son impulsados de manera importante menoscabando la figura de la familia. Por ejemplo, hoy se tiene la concepción de que esfamilia-6 más importante la felicidad de un individuo que la felicidad familiar.

La moderna facilidad del divorcio y la tendencia a facilitarlo en la mayoría de los países en los que se permite el divorcio, no sólo rompe las familias existentes, sino que anima a matrimonios precipitados y produce una visión laxa de la obligación de fidelidad conyugal.

 

Otro peligro es la limitación deliberada del número de hijos en la familia. Esta práctica tienta a los padres a pasar por alto el fin principal de la familia y a considerar su unión solamente como un medio de satisfacción mutua. Además, lleva a una disminución de la capacidad de auto-sacrificio en todos los miembros de la familia.

 

Estrechamente conectada con estos dos males del divorcio y la restricción artificial de nacimientos, está la general laxitud de opinión con respecto a la inmoralidad sexual. Entre sus causas está la disminución de la influencia de la religión, la ausencia de instrucción religiosa y moral en las escuelas y el énfasis aparentemente más débil puesto sobre el grave pecado contra la castidad por aquéllos cuya instrucción moral no ha estado bajo los auspicios católicos. Sus efectos principales son la aversión a casarse, la infidelidad matrimonial, y la contracción de enfermedades que producen la infelicidad doméstica y familias estériles.

 

Elaborado por MBE. y LCB. José Juan Paz Herrera.

Septiembre 2016.

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